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Un puñetazo en el vuelo
y el vertigo me coge
llevandome a la flor del alma.
Hago ruidos desmedidos
esperando agarrar un argumento
que fuera justo
a este momento suicida.
El celular tiene voz de tumba
y las horas van resbalando
en el cuarto sin al menos
una lagrima que justifique
una vela prendida en el velorio
de mi sueño.
Sin maleta ni boleto
he subido al ultimo carrocel
de la noche.
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